sábado, 29 de agosto de 2015

Y que Meryl siga pasándolo bien...

Como lo de comentar las películas de Meryl Streep ya es tradición, Ricki and the Flash no podía ser menos. Dirigida por Jonathan Demme (El Silencio de los Corderos) y con guión de Diablo Cody (Juno), esta propuesta nos trae drama, comedia y algo de rock ’n roll. 

Ricki Rendazzo (o Lina, dependiendo de cómo nos caiga el personaje) dejó a su familia para perseguir su sueño de convertirse en estrella del rock. Cuando su ex-marido -interpretado por Kevin Klyne- le comunica que su hija ha sido abandonada por su pareja, Ricki emprende un viaje de vuelta a casa que le llevará a reecontrarse con su familia y su pasado. 
Sí, sé lo que estáis pensando: típico, ¿eh? Y es que Ricki and the Flash podría haber caído en los tópicos a los que nos tiene acostumbrados las comedias de medias tintas americanas, pero gracias a un guión que se luce (casi siempre) y a una sublime dirección de Jonathan Demme, esta es una propuesta con todo lo necesario para ser incluida en mi lista de “pelis de viernes por la noche y manta”. 
De nuevo, Meryl Streep está en su salsa. Ya la habíamos visto cantar anteriormente en Mamma Mia! (2008), o más recientemente en Into the Woods (2014). Y todas esas actuaciones estuvieron muy bien, en la línea a la que Streep nos tiene acostumbrados. Sin embargo, hay algo mucho más profundo en la interpretación que Meryl nos ofrece esta vez; seguramente Ricki sea su papel más tridimensional en años, y la honestidad que transmite hace que sea muy fácil pensar que Ricki Rendazzo es alguien a quien hemos conocido en algún punto de nuestra vida. Aquí no hay matriarcas con cáncer ni brujas ni jefes de estado, pero se es evidente que Meryl Streep disfruta metiéndose en la piel de este personaje. Y si hay algo que siempre he dicho es que sus mejores interpretaciones han salido siempre de personajes que le hacían pasarlo bien. Y aquí…, aquí se lo está pasando en grande. 

Las interpretaciones secundarias son todas estupendas, incluyendo a Rick Springfield y Kevin Kline. Sin embargo, me quedo con la más grata sorpresa que me he llevado en mucho tiempo, Mamie Gummer. Hija de Meryl en pantalla y en la vida real, hace un papel que combina desternillantes e ingeniosas respuestas y arrebatos mentales verdaderamente preocupantes. Lo mejor es que te crees su actuación, algo que se agradece porque Gummer no resulta excesiva, ni intenta demostrar deliberadamente que ha heredado el talento de su madre. 
Diablo Cody, como he mencionado, tampoco cae en estereotipos ni americanadas. Hay una escena
especialmente brillante: la primera reunión familiar tras años separados. En la cena hay destellos que recuerdan a la Diablo Cody que nos trajo Juno. La misma guionista que muy acertadamente compara las diferencias entre Mick Jagger y Ricki. Cody, a través de su protagonista, trata de hacernos llegar un mensaje mucho más profundo de lo que el tráiler o el cartel promocional nos podrían haber hecho sospechar: a una mujer no se le pasa por alto ni el más mínimo error, pero Mick Jagger puede seguir persiguiendo su sueño y experimentar con la vida. Ricki es un personaje cuidadosamente desarrollado, con contradicciones y voluntad de enmendar lo que pasó por alto en el pasado. Diablo Cody está en muy buena forma y vuelve a demostrar que lo suyo es construir mujeres reivindicativas y revolucionarias.
Ésta es una película muy lejos de ser perfecta, pero conmovedora y eficaz en su misión: la de denunciar la desigualdad entre padres y madres, y evidenciar en pantalla que el resentimiento y el perdón sí que pueden ir de la mano. Tiene las dimensiones adecuadas para lo que es, y Jonathan Demme es lo suficientemente inteligente como para saber que aunque probablemente no figure en los Oscars, sí que puede convertirse en un éxito de masas si sabe mantener un perfil bajo. Aunque suene a contradicción, no sería la primera vez.

Así que así, sin pretensiones, las cosas a veces también salen. Aunque sea a golpe de guitarra y entonando a Bruce Springsteen. Y que Meryl siga pasándolo bien…, que le sienta de película. 

Conclusión: el (otra vez) intachable trabajo de Meryl Streep amenazaba con sepultar el guión y las interpretaciones secundarias, pero ha tenido el efecto contrario; el ingenio de Diablo Cody, el inolvidable repertorio musical y la inteligente dirección de Jonathan Demme convierten a “Ricki and the Flash” en una agradable odisea a un bar de carretera. Justo lo que pedíamos.

Veredicto: ★    

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