martes, 23 de febrero de 2016

Poner las cosas en su sitio

La declaración de Rajoy como persona non-grata en su Pontevedra natal es la culminación de una serie de despropósitos anti-democráticos y sectarios que poco tienen que ver con la mayoría moderada de españoles.

Aquello de que en ningún otro país de nuestro entorno sería factible ver al ganador de las elecciones sin opciones de gobierno ya está anticuado, ¿no? ¿Y eso de que la última palabra la tienen los ciudadanos...? ¿Eso también ha pasado de moda? El caso es que pasan los días y se me hace más complicado encender la televisión o leer los periódicos. Todo aquello que se le viene aplicando a la izquierda desde la Edad de Piedra, parece estar sujeto a dobles varas de medir según convenga.

Desde el 21 de diciembre no he dejado de leer columnas infestadas de odio, escuchar a periodistas que escupen bilis y ver a políticos que interpretan los resultados electorales a su gusto; y el caso es que me acuesto por las noches con la sensación de que el PP no ganó las elecciones el pasado diciembre y que Sánchez tiene derecho a optar a ser Presidente. Luego me levanto por la mañana, y evidentemente se me pasa; pero es una demostración clara de lo que estamos sufriendo muchos españoles desde hace ya un tiempo.

Aquellos que predicaban ir en contra de una España de bandos, de rojos y azules, son precisamente los que abanderan un pucherazo indirecto y anti democrático, respecto al cual la prensa calla y asiente con una convicción y pasión sorprendentemente efectivas. Porque se empieza a extender la percepción de que efectivamente aquí nadie ha votado a Rajoy, y que es absolutamente aceptable que se le niegue el saludo al partido preferido por los españoles.

Pongamos las cosas en su sitio: ¿que el PP tiene corrupción? Impepinable. Indignante. Inaceptable. Pero no es serio, ni sobre todo justo, que las sospechas se extiendan a un solo bando del Congreso cuando en el otro frente se sientan políticos salpicados por los EREs, Irán y el régimen de Venezuela. La doble vara medir de la prensa española me lleva a pensar a veces que los que pensamos que la fuerza más votada es la que debe gobernar, somos minoría. 

Conviene recordar de vez en cuando la situación de nuestro país hace cuatro años, a pesar incluso del lamentable empeño histórico de muchos por enterrar todo lo bueno que nos define. El mundo entero presionaba para que Rajoy cediera y pidiera el rescate. Pero él, porque no se deja presionar le pese a quien le pese, aguantó. Cuatro años después, España lidera el crecimiento y la creación de empleo en Europa. Eso sí, como la prensa en España opina y no informa, y tiende más a halagar al molón, moderno y estratega de Sánchez que a un tipo que ha puesto a España por encima de todo, todos esos éxitos ya no valen nada. 

Es habitual escuchar estos días barbaridades de semejante envergadura como que el PP tiene que ser leal y abstenerse para facilitar un gobierno de 'cambio'. Hablaba el otro día Salvador Sostres muy acertadamente en el ABC sobre 'la derecha tontorrona'; me sorprende que muchos de los que mencionan el valor de la 'necesaria lealtad' de Rajoy fueran los mismos que presionaron con que Rajoy debía pedir el rescate, o plantar los tanques en Cataluña para hacer frente al procés. 

¿Es imaginable que el PP hubiera quedado segundo (Rajoy cuarto en su circunscripción), y negara al primero liderar el gobierno? ¿Alguien cree que al PP no le habrían llovido acusaciones de fascismo y golpismo? 

Pero ahí sigue Pedro, empecinado en librar la batalla imposible contra la aritmética y tratando de digerir los 90 escaños. Eso sí, a puntito de convertirse en Presidente del Gobierno mediante la formación de mayorías imposibles con fuerzas que se declaran abiertamente anti-constitucionalistas y próximas a regímenes totalitarios cuya oposición permanece encarcelada..., ¿es que nos hemos vuelto locos? Del PSOE de Sánchez ya no me sorprende nada; es la demostración más clara del anacronismo de la izquierda española, del afán de divisionismo y confrontación, y sobre todo,  del desprecio por la opinión de 7 millones de ciudadanos cuyo voto parecer haber acabado en el cubo de la basura. Pero lo que Sánchez está logrando es acrecentar el cabreo de muchos millones de españoles que, como yo, encuentran inexplicable el linchamiento mediático contra un tipo muy inteligente que además es el ganador de las elecciones.

Alguien me dijo el otro día que eso es costumbre en España; el reírse del que se ha formado, tiene cuatro másters y camina por el mundo sin ningún tipo de complejo ideológico. Porque lo moderno en España (o por lo menos entre los ya denominados como giliGOYAS) es tirar pa'lante con lo puesto y esperar que caiga un milagro de cielo para convertirse en concejal.

Cristina Pardo, Ana Pastor, Jiménez Losantos & Co.: dejad de perseguirme con vuestras lecciones sectarias; porque no aguantaré más el atragantarme por la mañana con la tostada al oíros decir que el PP está infectado, que la nueva política mola o que sois los más listos dentro de vuestro microcosmos. Enteraros de una vez de que, a pesar de vuestra intención constante de adoctrinarnos como a borregos, la mayoría sabe construir opiniones críticas y tiene memoria a largo plazo. Una memoria que da para recordar que pertenecéis a ese reducto de periodistas altivos y evidentemente frustrados que les dio un día por pensar que la palabra perder en España está, desgraciadamente, abierta a interpretaciones diversas.

No creo que esta premisa prevalezca, incluso si al alcalde de Pontevedra le da por declararnos personas non-gratas a todos los que preferimos apagar La Sexta antes que creernos que el puñetazo a Rajoy fue un acto justificado.

Que se arregle todo, pero que se arregle rápido. No aguantaré ni una sola lección más procedente de un okupa con suerte.


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