domingo, 5 de febrero de 2017

Magistral y comedido Lonergan

En Manchester Frente al Mar se nos presenta la complejidad de acarrear con un sentimiento de culpa que se vive en silencio y soledad,  cuyos efectos parecen minar cualquier resquicio de felicidad.

Tratándose de una historia sobre la pérdida, cabe preguntarse si en Manchester Frente al Mar hay algo que no involucre nostalgia, y aunque la respuesta pueda parecer obvia, la película no cae ni en la autocomplaciencia ni ñoñería que cabría esperar de una cinta cuya premisa se anuncia tan oscura.

El espectador asiste al proceso de intento de reconciliación del protagonista consigo mismo, que lejos de fabular con finales imposibles, pone a cada quien en su sitio y lo hace con la exposición contenida de un drama que origina y, en cierto punto regresa, al pequeño pueblo costero de Manchester, Massachussets. Una localización que no cesa de transportar a Lee (Casey Affleck) al origen de toda su pena y que Kenneth Lonergan representa con calculada sobriedad.

Manchester resulta ser una historia sobre el irreparable dolor que la pérdida de un hijo conlleva; pero también sobre la oportunidad de redención y el replanteamiento de un proyecto de vida trágicamente truncado y marcado por una colosal herida que nunca se cerrará del todo.

Las vidas de los personajes confluyen de forma desigual y a ritmos distintos, unos aparentemente capaces de redimirse, otros hundidos en lo más profundo de la aflicción - algo que viene a exponer que Manchester frente al Mar es una película tan real como la vida misma.

En la narración nostálgica y enclaustrada de Kenneth Lonergan hay una película que no alecciona, sino que sólamente fluye. Lo hace hacia un ajuste de cuentas tan emotivo como necesario.


★★★★★

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